El hombre busca en el movimiento el cambio y la novedad, siendo lo estático reaccionario y sinónimo de continuismo.
En el arte, el movimiento era expresión. Así lo era en la pintura, en la escultura, en la arquitectura… Hasta que llegaron las instalaciones a los museos y exhibiciones, en las que los “artistas” tienen licencia para enmarcar cualquier defecto de sus creatividades, o como en la denominada arquitectura dinámica, con los edificios dotados de movimiento, donde la mediocridad arquitectónica se dota de movimiento, aunque sea solo en una de sus dimensiones. Todo ello es la gran novedad, sobre todo la gran sensación del movimiento en los edificios. ¿Qué pensaría Vladimir Tatlin, con su monumento a la III Internacional a sus espaldas, de la Twirling Tower de David Fisher, anunciada como algo revolucionario? Dos formas bien distintas de entender el movimiento.

A nivel personal, el movimiento está muy de moda. En España, que solo nos movíamos para ir a Benidorm, ahora nos han convencido de que el turismo transfronterizo es más cool. ¡A donde vas Pepe! Sinceramente, el movimiento es huida. El hombre huye más que viaja, más que descubre, pierde. Nada como un pasaporte lleno de visados para diagnosticar un Síndrome de Ulises invertido (donde ponga estrés ponga placer/satisfacción). La emigración recurrente entendida como ocio/forma de escape. Muy del siglo XXI.
Bueno, en resumen, creo que el movimiento entendido como dinámica es sintomático de carencia. El movimiento debe ser expresión. Cada uno que se lo aplique como pueda.
P.D. No hay mejor prueba de esto que digo que bailar clavado en un silla en el centro cultural Galileo el Moving on de Femme Fatale. Pura expresión de movimiento. Por cierto Femme, vuestro próximo album tiene pinta de que va a ser lo mejor en mucho tiempo.

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